Apariencias y prejuicios...
| Photo by Cajiao´s |
”Lo que esconde tu corazón aparece en tus ojos”. Imam Ali
"La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano, todo
tu cuerpo estará lleno de luz.
Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así
que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!…”
Mateo 6:22-23 Nueva Biblia
Latinoamericana
“…ni se enciende una lámpara y
se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que
están en la casa”.
Mateo 5:15
Hoy hablemos de caras, de rostros,
de fachadas y posturas.
En la antigüedad se usaban
máscaras y antifaces para muchas cosas, desde protectores contra el sol y el
clima, pasando por ser personajes de alguna tragedia griega o el encubrimiento
para los desenfrenos de algún carnaval místico, o los bandidos en el viejo
oeste que enmascarados atracaban diligencias, o algunas religiones y culturas
como parte esencial de su atuendo para enfrentar el mundo de allá afuera.
En muchas sociedades la máscara,
el antifaz, el pasamontañas no era bien visto. No sabemos quién está detrás de
la máscara…
En 2011 por ejemplo en Europa
comenzó la prohibición de cubrirse el rostro con elementos como cascos, burkas,
nicabs y máscaras generando una controversia alrededor bastante grande y que
aún despierta reacciones complejas en los ciudadanos. Incluso hay algunos
países que prohíben los velos sobre la cabeza y las pañoletas en espacios
públicos.
Pero muchos terminan ocultándose
por muchas razones: religiosas, raciales, sexuales, legales…y ahora sanitarias.
En tiempos de pandemia la orden es
completamente inversa con respecto a cubrirse el rostro. El que no se lo cubra está
atentando contra la salud de todos…
Vemos en todos los espacios
públicos personas completamente cubiertas (aunque no falta el desobediente que
cree que los virus son fantasías de otros y no se ponen nada). Ahora nuestro
único contacto directo con la persona al frente es a través de sus ojos. La
expresión toca adivinarla desde sus arrugas y parpadeos…nos toca aprender a
leer esos nuevos códigos de comunicación e incluso regresar a la expresión
corporal para hacernos entender. Ahora para saludarnos debemos extender el brazo
y agitar la mano con energía…ahora hablar demanda un esfuerzo adicional,
entablar comunicaciones son un acto deliberado y no casual. Debemos buscar el
contacto visual en los ojos del otro.
Y viendo a todos cubiertos, nos
vemos casi iguales. ¡Al fin!
Ya no importa si eres de una raza
o de otra, de una religión o de otra, si eres hombre o mujer…sencillamente
somos humanos cuidándonos unos a otros.
Somos realmente como las papas –si
el tubérculo-, de las cuales hay miles de variedades pero que al final son eso:
papas con muchos ojos como dicen las abuelas. ¿Han visto que cada papa tiene
pequeños agujeritos como ojitos donde salen las raíces? Esos ojitos son
indicadores de cómo está la papa por dentro. Todas tienen cascaras: de muchas
texturas, colores y durezas, pero todas tienen esos pequeños hoyitos en su
superficie. Nosotros somos papas, cubiertas con cortezas suaves, duras, de
muchos colores, y con esos pequeños ojitos, por donde salen lo que tenemos por
dentro. Raíces de bondad o de amargura…hay para todos los gustos…pero al final
somos papas, rellenas de almidones, azucares, fibras, etc…hechos todos de lo
mismo: carne y sangre.
La diferencia está en cómo dejamos
que esas ventanas vean tanto para afuera como para adentro. Nosotros decidimos
si nos llenamos de ira, rencor y desilusión o más bien de gozo, contentamiento,
amor y optimismo…
Ahora todos enmascarados,
cubiertos, anónimos recorremos las calles como zombies. Y solo descubrimos la
humanidad del otro a través de sus ojos…y somos iguales al fin. Como papas.
Papas que muchas veces somos vistos
con desdén por otros e incluso nosotros mismos hemos menospreciado a alguien
sin quizás ser conscientes de ellos.
Menospreciados como en su momento
en Europa miraron con reserva a ese extraño tubérculo traído de las Indias que
tildaban de venenoso. Realmente no sabían qué hacer con las papas a pesar que
ya en el siglo XVII se vendía en la
Plaza Mayor de Madrid. Pero increíblemente en el siglo XIX fue parte
fundamental para paliar las hambrunas que por ese entonces tenían en España.
Una receta generada por esa búsqueda
de algo nutritivo y barato es la tortilla española, que según cuentan la usó el
general Tomás de Zumalacárregui durante el sitio de Bilbao para alimentar a sus
tropas. Dicen sin embargo que el origen conceptual de la tortilla esta en
Villanueva de la Serena a finales del siglo XVII donde dos hacendados: Joseph
de Tena Godoy y Malfeyto y el marqués de Robledo buscaron una solución para la
hambruna y lograron unas tortas hechas en aceite con papas y huevos. Esto
alrededor del año de 1798.
Y hoy traemos una versión de esa
preparación. Para que vean como las papas peladas, sin cáscara y sin ojos son
sencillamente papas…
Tortilla Española
Ingredientes:
4 huevos
3 papas medianas
1 cebolla cabezona pequeña
Sal
Pimienta
Aceite de oliva
Se pelan las papas y se cortan en
rebanadas delgadas. En un sartén con suficiente aceite se ponen las papas con
el aceite tibio para pocharlas. Se agrega la cebolla cortada en julianas con
una pizca de sal y un poco de pimienta. Se tapan para que se cocinen. Cuidar de
darle vuelta para que no se peguen. Se puede agregar orégano o albahaca si
quieren que queden mas sabrosas.
Una vez cocinadas se escurren y
cuelan muy bien reservando el aceite.
En un recipiente batimos los
huevos con sal y se agregan las papas escurridas. Mezclar muy bien y dejar
reposar un par de minutos.
Se calienta el sartén con el
aceite reservado. Y se agrega la mezcla. Se pulen los bordes para que no se
pegue y se tapa por 5 minutos.
Luego con ayuda de un plato se le
da vuelta a la tortilla para dorar otros 5 minutos por el otro lado.
Dejar reposar un par de minutos
antes de cortar la tortilla.
Si quieren una tortilla más húmeda
usen un sartén pequeño pero profundo para que quede más gruesa y así no se
cocina tanto adentro. Pero si quieren una tortilla más seca y compacta usen un
sartén de boca más grande para que quede más delgada la tortilla y se cocina
muy bien al interior.
Listo.
Pueden ponerle encima un poco de
pimentones morrones.

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