Lluvia tardía
| Photo by Cajiao´s |
…13Y sucederá
que si obedecéis mis mandamientos que os ordeno hoy, de amar al SEÑOR vuestro
Dios y de servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma,
14El dará a vuestra tierra la lluvia a su tiempo, lluvia
temprana y lluvia tardía, para que recojas tu grano, tu mosto y tu aceite.
15Y El dará
hierba en tus campos para tu ganado, y comerás y te saciarás.…
Deuteronomio 11:13-15 Biblia Paralela
Eran casi las dos de la tarde y
salíamos de la finca de recoger y cosechar la bendición del campo, y aunque yo
insistí en salir más temprano, el tiempo se hizo corto y terminamos saliendo
luego de lo estimado, y para colmo, bajo una lluvia que arreciaba cada vez más.
La camioneta gracias a Dios estaba
llena de frutas y plátanos, pero eso la hacía más pesada. “Demasiado pesada”,
pensaba yo mientras avanzaba por una carretera que no está pavimentada y tiene
unas porciones con unas subidas muy empinadas.
Y en efecto, más adelante encontramos
a un carro atascado en medio de una de esas colinas. Varios vecinos del lugar
nos bajamos y con todas las técnicas e ideas improvisadas que teníamos a mano
finalmente logramos con ayuda de una camioneta grande arrastrar el carro colina
arriba. Y llegó nuestro turno de encumbrar la loma, y mientras lo hacíamos
dejamos que un campero 4 por 4 se adelantara para que no le estorbáramos.
Íbamos impulsados subiendo, resbalando, patinando y casi llegando a la cima,
cuando el impulso no nos sirvió más. EL carro se detuvo.
Impotente y con bastante mal genio frené
bajo la lluvia, y exclamé -¡la próxima vez me hacen caso y salimos a la hora
que dijimos! La lluvia casi que ahogó mi queja…pero si llegó a los oídos de mi
novia que me miró con cara de sabía que ibas a quejarte así. Me callé porque
tenía razón y alcé los ojos pensando que ya no teníamos a nadie para ayudarnos.
Pero detrás de una curva más adelante vimos como el campero 4 por 4 que nos
había adelantado retrocedía hacia nosotros. Y se bajó un amigo de la vereda que
ya en otra ocasión nos había sacado de un apuro similar. Iba acompañado de una
pareja de esposos que también nos ayudaron en ese impase.
Con varios intentos finalmente
logramos subir la camioneta llena de la cosecha que traíamos y los dos carros
nos fuimos juntos hasta el pueblo cercano.
Ya cuando nos disponíamos a despedirnos nos llama nuestro vecino desde el otro carro con señas y nos pregunta, dadas las condiciones de cuarentena por el COVID: –¿Vieron buses subiendo hacia la ciudad?, es que ellos van para allá-, señalando a la pareja de esposos.
– La verdad no vimos muchos buses,
respondimos.
– ¿Será que pueden irse con ustedes?,
nos preguntaron de inmediato.
Yo miré el reguero de bultos en la
silla de atrás y respondimos de una sí, mientras hacíamos espacio para ellos. Y
gratamente logramos llevarlos hasta la ciudad.
Cabe resaltar que durante todo el
viaje llovió como nunca habíamos visto y cayó una neblina densa que nos hizo
conducir despacio por buen rato, un rato demasiado largo para mí y mi paciencia.
Pero mientras conducía despacio sopesaba todo lo que había pasado sin afanes
ya…y fue cuando caí en cuenta de dos frases que había dicho bajo la lluvia. La
primera, la queja: -¡la próxima vez me hacen caso y salimos a la hora que
dijimos!
Si bien en mi corazón lo dije para que
si yo doy un consejo bien intencionado me escuchen (porque tengo una
“corazonada” o mi “experiencia” me lo dicta…), no era la frase correcta y
muchas veces nuestro actuar deseado no es el correcto tampoco, y eso se hizo
evidente cuando en el momento en que mi vecino termina su misión de ayudarme
nuevamente desamarrando los carros bajo
la lluvia se voltea a mirarme y me dice cuando le doy gracias por la ayuda: -Me
alegra mucho verlos, aún en estas circunstancias!, y sonríe.
Y aquí viene la segunda frase que
resonó en mi cabeza, cuando le respondo de inmediato, mientras el aguacero no
termina y estamos mojados hasta los huesos: -De ahora en adelante tu apodo será
Lluvia tardía, porque siempre llegas en ese momento en que parece que no hay
nadie cerca...
Y mientras conducía despacio entre la niebla, y veía a la pareja de esposos en la silla de atrás entendí que todo eso que había pasado era una gran cadena de circunstancias y bendiciones que estaban apuntando a poder llevarlos a ellos de regreso a la ciudad. Y nosotros nos convertíamos en la Lluvia tardía de esa pareja en medio de la carretera, una carretera en la que solo nos rodeaba una vegetación muy verde y brillante, y el piso era de un color mostaza profundo por el barro que se formaba…
Todo me hizo recordar una receta que nos encanta en casa:
Ensalada verde con ajonjolí
1 lechuga crespa
picada en tiras
2 cucharadas de
ajonjolí recién tostado
1 cucharada de
vinagre
1 diente de ajo
picado finamente
1 cucharadita de
azúcar
1 pizca de sal
½ limón (el zumo)
½ pepino picado en
cubitos pequeños
½ cucharadita de
pimienta negra recién molida
Se lava muy bien la lechuga y se
remoja en agua con sal y vinagre.
En un sartén seco, sin aceite, se
ponen las 2 cucharadas de ajonjolí al fuego alto removiendo constantemente
hasta que doren bien sin quemarse. Se colocan en un plato ¡para reservarlas
(¡¡¡Es importante dejar enfriar completamente el ajonjolí pues sale muy
caliente!!!)
Picamos el ajo y lo mezclamos con el
limón, el aceite, la pimienta, la sal y el vinagre. Dejamos reposar unos
minutos en el fondo de un recipiente grande. Agregamos el pepino picado y la
lechuga y revolvemos todo muy bien.
Por último, la lluvia tardía: el
ajonjolí bien frio. Si lo ponemos caliente marchitamos los vegetales, debemos agregarla en el momento justo. Revolvemos
bien y servimos.
Le pueden poner si quieren, una
cucharada de guacamole o crema agria al servir y un poco más de pimienta
encima.

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